martes, 18 de diciembre de 2012

De lo que no dice el cielo


Me perdí con tu piel dónde no pudo vernos la inocencia, decidí claudicar ante la belleza irreductible de tus ojos. Y mírame, que mal se ha portado el tiempo conmigo. Y mírate, que enserio se lo tomó contigo. Durante dos vidas y tres suspiros creí ver en tu mirada el futuro del mundo. Me di la vuelta, solo durante el tiempo exacto en el que dura una respiración y un tornado decidió arruinar la ciudad dónde creció el tiempo y se alejó del amor.

Los amaneceres de tu espalda dejan clavado a fuego el calor de cada beso, sellan con vehemencia el pacto impronunciable que hicieron nuestras pieles sin nuestro consentimiento. Voló la libertad más allá del cielo, sin importarle nada, solo quería desplegar sus alas y allá que va, haciéndonos sentir libres en cada vuelo.  

De alientos se crearon hilos musicales que romperían el silencio, al chocar con las gotas saladas que resbalan por las caras de los ojos tristes que cierran al caer la tarde. Y así deshacen el invierno entre calores improvisados y colores desmedidos. Las promesas y los juramentos se batieron a duelo y fue la piel quien decidió que ninguno merece ganar al no ser capaces de cumplirse.
Asaltemos tempestades, que los ríos tengan de que hablar.

martes, 4 de diciembre de 2012

De locos y rescates



Ven, sálvame que no puedo salir de mi propia caída
Que me hundo en la contradicción de querer quedarme cuando me veo huyendo
Cuando aparto la mirada del cielo y el sol no refleja ni un rizo de tu pelo
Ven, pero no vuelvas a irte
Lame con tu piel las yagas de mi lengua
Que los pasados no sean nada más y el futuro no se pronuncie
No entres en mi vida ni dejes que yo entre en la tuya
Se trata de construir, de crear de la nada una para los dos.
De hacer de esta historia un 1 de Enero de mil novecientos
Rescátame que la locura no se afiance a la ventana
Vuelve loco este momento y busca los secretos de este encuentro
De la química y la física que producen nuestros cuerpos
Renuncia a la cordura si de amar se trata
Pero rescátame. Sácame de esta huida que me aleja.
Sácame de esta razón desazonada.
Y no te vayas.
No te vayas.
No.

lunes, 12 de noviembre de 2012


Y aunque he huido, he perseguido tu sonrisa a través del espacio que nos separa. Y es que… ¿cómo te alejas de alguien que ya está lejos? ¿cómo pones kilómetros de por medio si ya te separan 300?
El parpadeo de esta farola amarilla me recuerda aquella noche, y todas. Yo tenía la inocencia a flor de piel en cuanto a lo nuestro, y tú… Tú estabas tan guapo vestido de traje… teníamos que disimular delante de esas doscientas personas, y menos mal que los pensamientos no tienen voz propia. Porque yo solo imaginaba las mil y una maneras de arrancarte la corbata y dejarla rodar por el suelo junto al resto de nuestra ropa.

Ahora la luz de la farola está apagada, pero de vez en cuando se enciende. Y así fue nuestra historia. Una bombilla con los días contados que lucha por sobrevivir.
Pero es que no es una bombilla cualquiera, daba luz a toda mi vida. Y así estoy ahora que se ha apagado… vacía.

Y ¿qué hago si no encuentro la manera de sobornar a tu piel para que se quede aquí conmigo, compartiendo almohada y madrugadas? Y ¿qué puedo hacer si son efímeras estas noches que paso lejos de tu cuerpo pero engaño al mío con otros?
¿Cómo deshago el amor y mato al recuerdo? Dime, de qué manera puedo secuestrar estos sentimientos y dónde encontraré la goma gigante que me ayude a borrar todos tus recuerdos. Cómo vivo si te fuiste con mi alma de paseo. ¿Por qué no leería la letra pequeña del amor, cuando aún estaba a tiempo?


sábado, 28 de julio de 2012

Relato



"A la salida del metro se le calló una bolsa, la cogí y se la dí.
-Gracias –su voz. Golpe; Pum. Pum. No le contesté. No podía parar de mirarlo. Le seguí de cerca. Nos paramos uno al lado del otro en un semáforo. Era tremendamente sigilosa como esa espía secreta con la que siempre había soñado ser de pequeña. De repente se giró hacia su izquierda, hacia mi, como si pudiera verme. Su cara y la mia quedaron a escasos centímetros. El corazón me latía más y más fuerte, tanto que pensaba que me había descubierto.  Ya había fracasado en mi primera misión secreta. De repente el sonido del semáforo comenzó y cruzó la calle. Que tontería, ¿cómo me iba a ver? Le seguí de cerca.
A los pocos metros se paró.
-¿Quién eres?  -dijo en un tono de voz sereno.
No le contesté, me pilló de sorpresa y por otro lado sabía que mientras que no hablase no tendría por qué pasar nada. Podría irme por la siguiente calle y nada de esto habría ocurrido.
 -¿No crees que juegas con ventaja? No parecía molesto ni alterado.
Pensé que debía contestarle pero… ¿qué le decía? “hola” o “Fede soy yo Maica, ¿te acuerdas de mi?” Que absurdez. Aguardó en silencio pero ahora se había girado directamente hacia mi. ¿Cómo sabía que estaba ahí?
-Tengo el oído muy afinado. –se me había olvidado, él podía leerme la mente. Siempre lo había hecho y ahora no era menos. Esa telepatía sobrenatural que nos unió aunque hubiesen pasado diez años  seguía ahí. Y yo también seguía ahí, sin saber que decir. De repente era muda. Vaya panorama, él ciego, yo muda.
-Bastante hay con un ciego como para que ahora tú pierdas el habla –de nuevo esa telepatía. No me hacía falta hablar, solo con pensar bastaba. Este pensamiento me hizo gracia y sin darme cuenta reí en voz alta. Su cara cambió, reconoció mi risa. Lo sé.
-Habla –toda la serenidad y amabilidad que había mostrado hasta el momento se esfumó. -¡habla! –repitió. Supongo que pensaría que se estaba volviendo loco. No merecía eso, tenía que decirle algo.
-Si supiera que decirte, te hablaría –cómo siempre le dije aquello que pensaba, tal cual. Esa manía nuestra de decirnos todo lo que pensábamos. Muchas veces pienso que eso fue lo que lo fastidió todo. Esa sinceridad extrema. Esa transparencia.

Sonrió, recuperó su serenidad. Ahora sabía que era yo, ahora sabía que no estaba loco.
-Siempre supe que algún día llegaría este momento. Bueno, este exacto no. Que irónico, vuelvo a no verte, solo a escucharte. Como entonces.
-¿Desde cuando…?
- Desde siempre –le iba a preguntar qué desde cuando estaba ciego, lo supo y me interrumpió-¿sábes? Ahora veo todo mucho más claro. ¿Irónico verdad? –solo pude realizar una media sonrisa con un ligero sonido. Pero él imaginó mi cara. No hacía falta ojos, él me había visto desde siempre.
-¿Te apetece un café? –él sonrió. Eran las diez y media de la noche. Sabía por qué lo decía, nos debíamos muchas cosas y la primera de todas fue un café. Cuando comenzamos a conocernos fue lo primero que me dijo que le encantaría tomar un café conmigo. Estábamos a 300 kilómetros de distancia, ese café significaba más que cualquier otro. "

[[Entrada diferente, no aconsejable]]

jueves, 26 de julio de 2012

Durante una luna


  El sonido de tus pisadas sobre mi parquet me trajeron a la realidad de que te tenía entre las redes, esas que aprendí a tejer con noches de soledad y desengaño, esas mismas que amarran a la más salvaje bestia, aunque su efectividad se limite a una sola noche.

Esa noche eras para mi, al día siguiente saldría el sol y fastidiaría todo. Tenía que hacer de las próximas horas que teníamos por delante, todos esos meses que estaría añorando otra noche así. Tenía que, en unas horas, recuperar todas las noches perdidas en la soledad de mi almohada. Y en ese tiempo, en que duraba esa luna, tenía el justo para cambiar por ti todo el polo magnético de la Tierra.


   Esta noche me entregaría entera a ti, para por la mañana, tras una adiós, agarrada al marco de la puerta, medio desnuda, con el pelo cayéndome por la cara tras la lucha, lanzarte alguna sonrisa picarona y cerrar la puerta, y con ella esta historia.
Para después quedarme dentro recogiendo  cada pedazo de mí, reconstruyéndome para entregarme, cuando pase el tiempo de rehabilitación necesario, a cualquier otro. 
Solo durante una luna. Y así, sobrevivir.


viernes, 29 de junio de 2012

           Quiero ser tu albornoz cuando salgas de la ducha, tu almohada en la cama, tu vaso de leche para relajarte antes de dormir, quiero ser tu manta y por la mañana tu despertador. 
Que te despiertes y me des los buenos días con más ganas aún de las que me diste las buenas noches. Que el número de día que amanece según el calendario, lo marquemos con esos besos de buenos días. Quiero interrumpirte cuando prepares las tostadas, ser la mermelada dulce de tu mañana. O la sal si no te apetece ese día algo dulce.


Después quiero hacerte el nudo de la corbata, mientras me miras fijamente a los ojos. Que me ayudes con la cremallera del vestido notando tus dedos subir por mi espalda
y atribuirle al roce de tu piel toda la culpa de que se erice la mía, incluso cuando no me tocas. También quiero que me ayudes a terminar la maleta. Que hagas que me olvide de los por si acaso, hoy y siempre. Y me centre en lo importante, hoy y siempre. 
Bajemos las escaleras peleándonos por quién conduce ese día. Que gane yo y a medio camino te pida que cambiemos para dormir. Aunque no me duerma y me limite a mirar el paisaje mientras los Vetusta se funden con el sonido del aire que entra por mi ventana abierta y se funden en mi cara, al igual que ese aire y al igual que tu olor, cerrar los ojos y disfrutar de esa mezcla de sentidos. Sin pensar en nada más.

    Quiero ser tu mapa, quiero que mi cuerpo sea tu mapa y también tu libreta, que con cada roce de tus dedos escribas sobre mi piel, todas las notas importantes. Quiero tatuarme en tu piel para quedarme ahí para siempre.Quiero que paremos donde te pida para hacer fotos y que seas mi modelo. Aunque no haga falta imágenes para recordar cada detalle de tu sonrisa, para recordar que cuando lo haces se arrugan ligeramente tus mejillas formando una onda expansiva, cómo cuando tiras una piedra al agua. Quiero ser el motivo de tus sonrisas y del brillo tus ojos. Ser el aire que se exhala en el segundo exacto que le sigue al momento en el que una gran carcajada te deja sin respiración.

Quiero que no te pienses ni un segundo lo de desnudarme cuando lleguemos al río que dijimos. Que no se atasque la cremallera del vestido y no te importe tirar esa corbata cara que te regalaron. Y correr a toda velocidad hasta el filo mientras nos reímos, ya desnudos, para justo un segundo antes de saltar frenar de golpe y mirarnos a la cara. Cogernos de la mano, cerrar los ojos y… saltar, como apostamos. Saltar hoy y siempre.


¿Capaz o incapaz?

viernes, 25 de mayo de 2012


Y saltar de mi tejado al tuyo. Porque hoy soy gato. Y siempre. Pero hoy más

Y notarás mis uñas clavadas en tu espalda desmontando la amargura de este día, nuestro aliado y al mismo tiempo enemigo será el silencio de las madrugadas. Tan caprichosas y especiales. Y ambos somos conscientes de que somos un amor adolescente.

 Cargado de locura, pasión y ganas de vivir. 

    Y que cuando pase, quién sabe cuanto tiempo. Desclavaré mis uñas de tu espalda y descorreré la ruta de los tejados. 

Me quitaré el disfraz de gato y volveré al calor de mis sábanas y al cobijo de mis cascos

    Y cuando pase, quién sabe cuanto tiempo, me despertaré. Y ante mi habrá un nuevo día, me preguntaré si combatirlo con café o alejarme de esa droga. Y posiblemente me olvide de que anoche olías tan bien que me olvidé el mundo.  
Eres esa noche de borrachera, esa droga que te eleva al piso más alto de un gran edificio. Y cómo toda droga tienes su periodo de latencia, en el cual me envuelves en el éxtasis más alocado y extremo

Después el descenso, dónde dueles. Y la resaca, dónde me doy cuenta que lo peor de tenerte no es el dolor de cabeza que dejas después sino encontrarte con la realidad

Encontrarte con el hecho de que no se puede vivir siempre bajo el efecto de esa droga, que se pasa.  

Y que no te volveré a probar, esa falsa promesa de “no beberé más”. Hasta que bebo, hasta que caigo de nuevo...