lunes, 12 de noviembre de 2012


Y aunque he huido, he perseguido tu sonrisa a través del espacio que nos separa. Y es que… ¿cómo te alejas de alguien que ya está lejos? ¿cómo pones kilómetros de por medio si ya te separan 300?
El parpadeo de esta farola amarilla me recuerda aquella noche, y todas. Yo tenía la inocencia a flor de piel en cuanto a lo nuestro, y tú… Tú estabas tan guapo vestido de traje… teníamos que disimular delante de esas doscientas personas, y menos mal que los pensamientos no tienen voz propia. Porque yo solo imaginaba las mil y una maneras de arrancarte la corbata y dejarla rodar por el suelo junto al resto de nuestra ropa.

Ahora la luz de la farola está apagada, pero de vez en cuando se enciende. Y así fue nuestra historia. Una bombilla con los días contados que lucha por sobrevivir.
Pero es que no es una bombilla cualquiera, daba luz a toda mi vida. Y así estoy ahora que se ha apagado… vacía.

Y ¿qué hago si no encuentro la manera de sobornar a tu piel para que se quede aquí conmigo, compartiendo almohada y madrugadas? Y ¿qué puedo hacer si son efímeras estas noches que paso lejos de tu cuerpo pero engaño al mío con otros?
¿Cómo deshago el amor y mato al recuerdo? Dime, de qué manera puedo secuestrar estos sentimientos y dónde encontraré la goma gigante que me ayude a borrar todos tus recuerdos. Cómo vivo si te fuiste con mi alma de paseo. ¿Por qué no leería la letra pequeña del amor, cuando aún estaba a tiempo?


sábado, 28 de julio de 2012

Relato



"A la salida del metro se le calló una bolsa, la cogí y se la dí.
-Gracias –su voz. Golpe; Pum. Pum. No le contesté. No podía parar de mirarlo. Le seguí de cerca. Nos paramos uno al lado del otro en un semáforo. Era tremendamente sigilosa como esa espía secreta con la que siempre había soñado ser de pequeña. De repente se giró hacia su izquierda, hacia mi, como si pudiera verme. Su cara y la mia quedaron a escasos centímetros. El corazón me latía más y más fuerte, tanto que pensaba que me había descubierto.  Ya había fracasado en mi primera misión secreta. De repente el sonido del semáforo comenzó y cruzó la calle. Que tontería, ¿cómo me iba a ver? Le seguí de cerca.
A los pocos metros se paró.
-¿Quién eres?  -dijo en un tono de voz sereno.
No le contesté, me pilló de sorpresa y por otro lado sabía que mientras que no hablase no tendría por qué pasar nada. Podría irme por la siguiente calle y nada de esto habría ocurrido.
 -¿No crees que juegas con ventaja? No parecía molesto ni alterado.
Pensé que debía contestarle pero… ¿qué le decía? “hola” o “Fede soy yo Maica, ¿te acuerdas de mi?” Que absurdez. Aguardó en silencio pero ahora se había girado directamente hacia mi. ¿Cómo sabía que estaba ahí?
-Tengo el oído muy afinado. –se me había olvidado, él podía leerme la mente. Siempre lo había hecho y ahora no era menos. Esa telepatía sobrenatural que nos unió aunque hubiesen pasado diez años  seguía ahí. Y yo también seguía ahí, sin saber que decir. De repente era muda. Vaya panorama, él ciego, yo muda.
-Bastante hay con un ciego como para que ahora tú pierdas el habla –de nuevo esa telepatía. No me hacía falta hablar, solo con pensar bastaba. Este pensamiento me hizo gracia y sin darme cuenta reí en voz alta. Su cara cambió, reconoció mi risa. Lo sé.
-Habla –toda la serenidad y amabilidad que había mostrado hasta el momento se esfumó. -¡habla! –repitió. Supongo que pensaría que se estaba volviendo loco. No merecía eso, tenía que decirle algo.
-Si supiera que decirte, te hablaría –cómo siempre le dije aquello que pensaba, tal cual. Esa manía nuestra de decirnos todo lo que pensábamos. Muchas veces pienso que eso fue lo que lo fastidió todo. Esa sinceridad extrema. Esa transparencia.

Sonrió, recuperó su serenidad. Ahora sabía que era yo, ahora sabía que no estaba loco.
-Siempre supe que algún día llegaría este momento. Bueno, este exacto no. Que irónico, vuelvo a no verte, solo a escucharte. Como entonces.
-¿Desde cuando…?
- Desde siempre –le iba a preguntar qué desde cuando estaba ciego, lo supo y me interrumpió-¿sábes? Ahora veo todo mucho más claro. ¿Irónico verdad? –solo pude realizar una media sonrisa con un ligero sonido. Pero él imaginó mi cara. No hacía falta ojos, él me había visto desde siempre.
-¿Te apetece un café? –él sonrió. Eran las diez y media de la noche. Sabía por qué lo decía, nos debíamos muchas cosas y la primera de todas fue un café. Cuando comenzamos a conocernos fue lo primero que me dijo que le encantaría tomar un café conmigo. Estábamos a 300 kilómetros de distancia, ese café significaba más que cualquier otro. "

[[Entrada diferente, no aconsejable]]

jueves, 26 de julio de 2012

Durante una luna


  El sonido de tus pisadas sobre mi parquet me trajeron a la realidad de que te tenía entre las redes, esas que aprendí a tejer con noches de soledad y desengaño, esas mismas que amarran a la más salvaje bestia, aunque su efectividad se limite a una sola noche.

Esa noche eras para mi, al día siguiente saldría el sol y fastidiaría todo. Tenía que hacer de las próximas horas que teníamos por delante, todos esos meses que estaría añorando otra noche así. Tenía que, en unas horas, recuperar todas las noches perdidas en la soledad de mi almohada. Y en ese tiempo, en que duraba esa luna, tenía el justo para cambiar por ti todo el polo magnético de la Tierra.


   Esta noche me entregaría entera a ti, para por la mañana, tras una adiós, agarrada al marco de la puerta, medio desnuda, con el pelo cayéndome por la cara tras la lucha, lanzarte alguna sonrisa picarona y cerrar la puerta, y con ella esta historia.
Para después quedarme dentro recogiendo  cada pedazo de mí, reconstruyéndome para entregarme, cuando pase el tiempo de rehabilitación necesario, a cualquier otro. 
Solo durante una luna. Y así, sobrevivir.


viernes, 29 de junio de 2012

           Quiero ser tu albornoz cuando salgas de la ducha, tu almohada en la cama, tu vaso de leche para relajarte antes de dormir, quiero ser tu manta y por la mañana tu despertador. 
Que te despiertes y me des los buenos días con más ganas aún de las que me diste las buenas noches. Que el número de día que amanece según el calendario, lo marquemos con esos besos de buenos días. Quiero interrumpirte cuando prepares las tostadas, ser la mermelada dulce de tu mañana. O la sal si no te apetece ese día algo dulce.


Después quiero hacerte el nudo de la corbata, mientras me miras fijamente a los ojos. Que me ayudes con la cremallera del vestido notando tus dedos subir por mi espalda
y atribuirle al roce de tu piel toda la culpa de que se erice la mía, incluso cuando no me tocas. También quiero que me ayudes a terminar la maleta. Que hagas que me olvide de los por si acaso, hoy y siempre. Y me centre en lo importante, hoy y siempre. 
Bajemos las escaleras peleándonos por quién conduce ese día. Que gane yo y a medio camino te pida que cambiemos para dormir. Aunque no me duerma y me limite a mirar el paisaje mientras los Vetusta se funden con el sonido del aire que entra por mi ventana abierta y se funden en mi cara, al igual que ese aire y al igual que tu olor, cerrar los ojos y disfrutar de esa mezcla de sentidos. Sin pensar en nada más.

    Quiero ser tu mapa, quiero que mi cuerpo sea tu mapa y también tu libreta, que con cada roce de tus dedos escribas sobre mi piel, todas las notas importantes. Quiero tatuarme en tu piel para quedarme ahí para siempre.Quiero que paremos donde te pida para hacer fotos y que seas mi modelo. Aunque no haga falta imágenes para recordar cada detalle de tu sonrisa, para recordar que cuando lo haces se arrugan ligeramente tus mejillas formando una onda expansiva, cómo cuando tiras una piedra al agua. Quiero ser el motivo de tus sonrisas y del brillo tus ojos. Ser el aire que se exhala en el segundo exacto que le sigue al momento en el que una gran carcajada te deja sin respiración.

Quiero que no te pienses ni un segundo lo de desnudarme cuando lleguemos al río que dijimos. Que no se atasque la cremallera del vestido y no te importe tirar esa corbata cara que te regalaron. Y correr a toda velocidad hasta el filo mientras nos reímos, ya desnudos, para justo un segundo antes de saltar frenar de golpe y mirarnos a la cara. Cogernos de la mano, cerrar los ojos y… saltar, como apostamos. Saltar hoy y siempre.


¿Capaz o incapaz?

viernes, 25 de mayo de 2012


Y saltar de mi tejado al tuyo. Porque hoy soy gato. Y siempre. Pero hoy más

Y notarás mis uñas clavadas en tu espalda desmontando la amargura de este día, nuestro aliado y al mismo tiempo enemigo será el silencio de las madrugadas. Tan caprichosas y especiales. Y ambos somos conscientes de que somos un amor adolescente.

 Cargado de locura, pasión y ganas de vivir. 

    Y que cuando pase, quién sabe cuanto tiempo. Desclavaré mis uñas de tu espalda y descorreré la ruta de los tejados. 

Me quitaré el disfraz de gato y volveré al calor de mis sábanas y al cobijo de mis cascos

    Y cuando pase, quién sabe cuanto tiempo, me despertaré. Y ante mi habrá un nuevo día, me preguntaré si combatirlo con café o alejarme de esa droga. Y posiblemente me olvide de que anoche olías tan bien que me olvidé el mundo.  
Eres esa noche de borrachera, esa droga que te eleva al piso más alto de un gran edificio. Y cómo toda droga tienes su periodo de latencia, en el cual me envuelves en el éxtasis más alocado y extremo

Después el descenso, dónde dueles. Y la resaca, dónde me doy cuenta que lo peor de tenerte no es el dolor de cabeza que dejas después sino encontrarte con la realidad

Encontrarte con el hecho de que no se puede vivir siempre bajo el efecto de esa droga, que se pasa.  

Y que no te volveré a probar, esa falsa promesa de “no beberé más”. Hasta que bebo, hasta que caigo de nuevo...


jueves, 29 de marzo de 2012

El sabor amargo

Caí del rascacielos más alto de esa gran manzana que fue nuestra historia. Aún recuerdo el aire, el frío, el calor. Pero no dejan de ser tan solo eso, recuerdos. Y ya sabemos lo que pasa con los recuerdos. Vienen solos, sin que los llamemos y sobre todo cuando estamos a solas. Con nosotros mismos. Por eso prefiero un excipiente externo que me haga no ver esa soledad en la que antes me acompañabas. Prefiero rellenar con cerveza los huecos que tú ocupabas. Porque la cerveza es amarga, como el café contra el que lucho día a día. Amargos como nuestra historia. Ese sabor de boca, el peor de todos. El sabor de boca que dejan las historias que quedaron a medias. Las historias que terminaron antes de tiempo. Las historias de aquello que pudo haber sido pero no terminó de ser.  Pero bueno, un segundo de debilidad en esta guerra hay que permitirse. Un stop al que ya ni le rodean lágrimas. Se  secaron todas. Ahora cogeré una gran bocanada de aire, olvidaré este trocito de texto en cualquier esquina e iré a hacerme o no hacerme un favor a mí misma. (No sé en este caso que opinarías) Y cuando el camarero me pregunte ¿una cerveza? Le contestaré: qué sean dos.  A esta invito yo. Diré mirando al él de turno que le toque esta noche estar a mi lado. Quién sabe, lo mismo alguna noche algún “él” consiga ser el sabor amargo más característico y no la cerveza, la que suple tu sabor mientras tanto.



domingo, 11 de marzo de 2012

La inocencia

Ayer conocí a Julia. Fui una de las primeras personas en tocarla, la primera en vestirla, de las primeras en cogerla en brazos y quien la llevó a ver a su madre y a toda su familia por primera vez en su vida. Era tan pequeña, tan indefensa, tan blandita… parecía de cristal. Julia nació anoche en el hospital del río (llamémosle así) allí estoy haciendo las prácticas. Y a pesar de que he visto bastantes cosas me quedo con el recuerdo de Julia como el mejor de todos. Tocarla, tenerla entre mis brazos fue… “mágico” por poder ponerle una palabra. Y hoy no dejo de pensar en ella. ¿Qué será de ella en unos años? ¿qué estudiará? ¿dónde? ¿Cuál será el nombre de la primera persona que le rompa el corazón?

Justo antes de entrar al hospital estaba escribiendo algo, tiene que ver con la inocencia. Casualidad. También al entrar me enteré de la muerte de un paciente. Casualidad. (…unos que vienen otros que se van… la vida sigue igual) Ahí va lo que escribí:

“¿Alguna vez habéis soñado con volar?

Las historias cuando empiezan tienen algo que muy pocas cosas tienen. Inocencia. Al preprincipio (dícese de todo aquello que ocurre antes del principio) están las dudas, no sabes si a esa otra persona le atraes o si está empezando a notar la misma conexión que tú notas. Esta etapa es delicada para los inseguros, pueden liarse muchísimo y pasarlo realmente mal, dé o no dé la otra persona las señales correctas.
Y después… el principio.
Muchas de estas historias no acaban siendo mucho más que unos cuantos polvos mezclados con un poco de miel y chocolate. Un poco de azúcar para ese amargo café que es muchas veces la vida o esa sal [;)] que falta en algunas comidas. Pero eso no les importa a los principios, porque ellos están cargados de misterio e ignorancia.

Todo el mundo desea en alguno de esos matemáticos momentos que aporta la vida…
Si de esos en los que las ecuaciones parecen ir aumentando el número de incógnitas de manera exponencial al paso del tiempo. Esos en los que cada segundo que pasa hace de los problemas un bucle más y más complicado…
En alguno de esos momentos, todos deseamos volver a esa época en la que todo era absurdamente fácil. En la cual nuestros mayores problemas eran elegir aquellos regalos que nos traerían esos viejos la madrugada del 6 de Enero, salir los primeros al patio para elegir aquel banco en el que jugaríamos a ese juego “nuevo” que alguien había añadido al repertorio habitual, no quedarse sin balón, que te den la monea de rigor para comparte tus chucherías favoritas o preparar tu fiesta de cumpleaños sin que falte ningún detalle. En realidad, en esa época, aunque ahora nos parezca que teníamos tonterías de preocupaciones, para nosotros eso era un mundo y eran las preocupaciones más grandes que existían y de nuevo el tiempo, la edad, va haciendo que estas aumenten.

Lo que realmente era bueno de esa etapa, lo que realmente echamos de menos es la inocencia.  La no maldad oculta en cada acto. Pero sobre todo, las primeras veces, las primeras experiencias. Valoro la experiencia como nada en este mundo. Durante mucho tiempo es lo que más he valorado. Pero es precisamente ella la que hoy me hace decir y en mayúsculas y subrayado que LA INOCENCIA ES LO MÁS BONITO QUE EXISTE. La experiencia es para los duros, la inocencia para los románticos. Y hoy me quito la coraza y digo que soy una romántica.  Aunque muchas veces sea puro hielo, en realidad creo que es una medida de autodefensa, porque soy hipersensible.
Esa experiencia te evita los golpes a los que la inocencia hace exponerte y muchas veces (infinitas) recibir. Pero no se vive igual, para nada vivimos igual una historia con inocencia que con experiencia. Con la experiencia ya vamos sobre aviso, medimos cada centímetro, cada mililitro o todos aquellos que nos ha enseñado la misma. A más experiencia más medición, menos inocencia.

         Sin embargo con la inocencia, todo es mucho más bonito. Alguien me dijo una vez que no había nada que se pudiera comparar a la sensación de subir al piso más alto y ver todo desde allí, como una maqueta sentir el aire puro y frío rozar nuestra cara. Sentirte flotando encima de una nube. Bien, yo me subí a ese piso metafórica y literalmente. Viví la historia más arriesgada, inocente y romántica que nunca viviré y que muchos desean con cada poro de su piel, porque yo la deseaba. También me subí al piso 80 del Empire State y vi la vida tal y como él me la describió. Aunque, esto fue mucho después, cuando ya mi corazón había recibido una caída libre sin arnés, metafóricamente.
Os aseguro que estar allí, asomarte al borde, ver como el sol se ponía cubriendo todo Manhattan de un tono naranja y con el único sonido de la gente de tu alrededor que ven lo mismo que tú porque el ruido de abajo no se escucha allí arriba,  perder la noción del tiempo. Porque allí el tiempo se para. Ver como se hace de noche sin que ni siquiera te des cuenta, solo por un pequeño cambio, una pequeña variable en la ecuación, pequeñas lucecitas encendiéndose aquí y allá casi sin darte cuenta y de repente… miles de lucecitas envolviéndote y darte cuenta en ese preciso instante de que no es un sueño, de que es real y mirar hacia abajo y ver lo pequeño que es todo desde allí, las miles, millones de personas que forman parte de todo eso. Del mundo en general…

Cerrar un ojo, ponerte un dedo delante y ver que lo que para ti a simple vista ocupa la uña del dedo meñique es más de la mitad de Manhattan. Un cuarto de tu uña es un edificio de 40 plantas en el que puede haber cientos y cientos de personas. Una pequeña calle, como un pelo de fina al ser vista desde allí, está siendo transitada por cientos de coches y taxis amarillos (sobre todo taxis). Pensar en los miles y miles de corazones que hay ahí abajo latiendo a la vez. Os aseguro que eso fue increíble. Como si flotaras sobre el mundo. Pocas cosas se comparan a eso, pocas pero las hay. Esa misma sensación pero metafóricamente hablando, no solo la iguala sino que la supera. El sentirte amado por alguien de forma incondicional, el sentir como alguien sabe, conoce cada uno de tus defectos a la perfección y aún así te ama con cada nano milímetro de su cuerpo. El ver como alguien rompe su corazón en trillones de pedacitos para poder ahorrarte media milésima de dolor eso es algo que nadie nunca podrá describir. Porque no se describe. Se siente. Porque no se flota, se vuela. Yo he volado. Y si una vez lo hice sé qué puedo hacerlo dos. Antes o después y espero que cuando llegue ese momento la inocencia no haya quedado vetada por la experiencia. O que esta sea lo suficientemente positiva como para que no me haga olvidar la importancia de la inocencia. Que en realidad creo es un paso más. La experiencia también te hace valorar la inocencia."

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Llevo mucho sin escribir, llevo mucho congelada. Como siempre, cuando me suceden muchas cosas importantes suelo entrar en ese estado de congelación. Pero bueno, son precisamente esas cosas las que tiempo después me dan material para escribir y escribir. Y esto es solo el principio. Me alegra ser precisamente hoy, el día en que vuelva a publicar por aquí. Hoy es 11 de Marzo. Creo que es un bonito homenaje, a mi manera. Hace dos semanas estuve en atocha y una sensación extrañísima recorrió mi cuerpo. Era la primera vez que estaba allí no podía dejar de imaginarme el caos que tuvo que ser aquello. También estoy segura de que todas aquellas personas que sabían lo que les venía encima solo estaban pensando en todas aquellas personas otras que querían y a las cuales no les habían dicho ese último “te quiero”. Pero esto es otra historia que merece mucho más que una simple mención… solo que es una fecha que no se olvida. Ni se olvidará.




Estas fotos las tomé  en  Octubre de 2011